Leer para escribir. Escuchar para comprender: la responsabilidad del talento en tiempos de IA
Septiembre siempre nos recuerda quiénes somos como país: vibrantes, intensos, ruidosos, llenos de vida. En México celebramos haciendo ruido porque el ruido nos une, nos emociona y, de alguna manera, también nos identifica. Quizá por eso el silencio a veces nos incomoda.
En estas semanas he leído más artículos sobre escritura, inteligencia artificial y talento que en todo el año anterior, y hay algo que me ha hecho pensar: la inteligencia artificial ha multiplicado la cantidad de contenido que producimos. Hoy cualquiera puede escribir, publicar y generar textos en cuestión de segundos. Pero producir más contenido no necesariamente significa que estemos leyendo mejor, escuchando mejor o comprendiendo más.
Y para quienes trabajamos con personas esto importa muchísimo.
Como Head Hunter, una buena parte de mi trabajo consiste justamente en eso: leer y escuchar. Leer entre líneas un CV, entender lo que una empresa realmente necesita, escuchar lo que un candidato dice, pero también tratar de comprender aquello que no está diciendo. En Executive Search, escuchar bien puede hacer la diferencia entre encontrar a una persona que cumple con un perfil y encontrar a la persona correcta para una
organización.
Borges decía que nada de lo que escribimos nace de la nada, que toda idea viene de otra idea y que todo texto, de alguna manera, es una conversación con otros textos. Me gusta mucho esa reflexión porque para poder escribir necesitamos primero haber leído; y para poder comprender a alguien necesitamos haber aprendido a escuchar. Leer nos ayuda a interpretar, a entender necesidades reales y a comunicar con mayor claridad. También nos obliga a detenernos antes de dar una respuesta automática. Un candidato que no lee bien una vacante puede terminar respondiendo algo que nadie le preguntó. Un líder que no escucha puede tomar una decisión equivocada. Y un Head Hunter que no lee ni escucha con atención puede terminar evaluando mal a una persona.
La lectura es una de las bases del pensamiento crítico y, para mí, el pensamiento crítico es indispensable en cualquier proceso serio de Executive Search.
Pero volvamos al ruido.
México es un país que celebra haciendo ruido: están los mercados, las fiestas, las calles, las conversaciones que se enciman y, por supuesto, septiembre, que parece recordarnos a todo volumen que estamos vivos. Me encanta esa parte de nuestra cultura. Pero también creo que vale la pena reconocer algo: entre tanto ruido, a veces nos cuesta escuchar.
Escuchar requiere pausa. Requiere silencio. Requiere darle al otro el tiempo suficiente para explicar lo que piensa sin estar preparando nuestra respuesta mientras todavía está hablando. Y eso, aunque parezca sencillo, no siempre lo es. Lo veo constantemente en procesos de atracción de talento. Hay candidatos que responden sin haber leído completa la vacante, que interpretan desde la prisa o que se concentran más en decir lo que creen que la empresa quiere escuchar que en entender primero qué necesita realmente esa organización.
Y también sucede del otro lado. Hay líderes que entrevistan desde un checklist y no desde una conversación. Esperan escuchar determinada respuesta y, cuando no aparece exactamente como la imaginaron, descartan demasiado rápido. Y a veces, junto con esa respuesta, también descartan talento.
Ahí es donde el ruido cultural puede convertirse en ruido profesional y empezar a crear una distancia silenciosa entre candidatos y empresas.
Leer bien y escuchar bien son habilidades hermanas. Ambas necesitan pausa, intención y, sobre todo, humildad. Leer es escuchar a alguien que no está presente; escuchar es leer a alguien que sí lo está.
Y ambas cosas son esenciales cuando trabajamos con talento: para comprender expectativas, detectar inconsistencias, evaluar liderazgo y, sobre todo, construir conversaciones que realmente tengan valor.
¿Cómo podemos escucharnos mejor?
No creo que exista una fórmula complicada. Tal vez podemos empezar por cosas mucho más sencillas. Leer con intención, no con prisa. Leer para comprender lo que el otro quiere decir, no solamente para llegar al final del texto. Escuchar con pausa, no con ansiedad. Dejar de preparar nuestra respuesta mientras el otro sigue hablando. A veces, cuando realmente escuchamos, la conversación nos lleva a un lugar distinto al que habíamos imaginado.
Preguntar para entender, no para acelerar. Una buena pregunta puede revelar mucho más que diez respuestas rápidas. Preguntar abre puertas; asumir suele cerrarlas. Escribir con responsabilidad, no solo con inmediatez. Hoy podemos producir un texto en segundos, pero eso no significa que debamos hacerlo sin pensar. Las palabras construyen —o destruyen— puentes y, especialmente cuando lideramos personas, escribir también es un acto de responsabilidad.
Y aquí haría una invitación a ambos lados.
A los candidatos: lean completa la vacante. Escuchen lo que la empresa realmente necesita. Pregunten cuando algo no esté claro y permitan que una entrevista sea una conversación, no un monólogo para demostrar todo lo que saben. Y a los líderes y responsables de la atracción de talento: lean más allá del CV. Escuchen más allá de la respuesta que esperaban. El checklist puede servir como punto de partida, claro, pero no debería convertirse en una barrera que nos impida descubrir a la persona que tenemos enfrente.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a escribir, ordenar información, investigar y hacer muchas cosas extraordinarias. Pero hay algo que sigue siendo profundamente nuestro: la decisión de prestar atención. México celebra haciendo ruido, sí. Pero muchas de las conversaciones que realmente transforman el talento suceden cuando bajamos el volumen: en una lectura atenta, en una escucha genuina, en una pregunta bien hecha o en ese momento en que dejamos de pensar qué vamos a contestar y simplemente tratamos de comprender al otro.
Y quizá la pregunta que vale la pena hacernos hoy sea esta:
¿Qué tan distinto sería nuestro trabajo —y nuestras relaciones profesionales— si leyéramos y escucháramos con el mismo cuidado con el que quer


