Hablamos de salud mental. ¿Pero qué pasa con la salud física de las mujeres?

Durante los últimos años, las empresas han abierto conversaciones necesarias sobre salud mental, estrés, ansiedad y burnout. Sin embargo, hay otra conversación que sigue siendo incómoda y, en muchos casos, invisible: la salud física de las mujeres.

El cáncer de mama continúa siendo uno de los principales desafíos de salud pública en México y en el mundo. Y muchos de los obstáculos que enfrentan las mujeres no tienen que ver únicamente con un diagnóstico médico, sino con el miedo, los estigmas, la falta de apoyo y las dificultades muy reales para atenderse a tiempo.

Porque sí, detectar a tiempo puede salvar vidas. Pero para hacerlo también hacen falta tiempo, recursos, acompañamiento y una red de apoyo que nos permita poner nuestra propia salud entre las prioridades.

El cáncer de mama es actualmente el cáncer más frecuente entre las mujeres mexicanas. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante 2024 fue la primera causa de muerte entre los tumores malignos y el 99.2% de las defunciones correspondieron a mujeres. La tasa de mortalidad alcanzó 18.7 fallecimientos por cada 100 mil mujeres de 20 años y más.

Por su parte, el Observatorio Global de Cáncer de la Organización Mundial de la Salud estimó que en México se presentaron más de 34 mil nuevos casos de cáncer de mama durante 2024, convirtiéndolo en el cáncer más frecuente entre las mujeres del país.

Pero detrás de cada cifra hay una historia. Una mujer que, además de atender su salud, probablemente trabaja, cuida a sus hijos, apoya a sus padres, lidera un equipo o incluso sostiene económicamente a su familia.

En México todavía persisten muchas razones para ir dejando la prevención para después:

“Si no me duele, no pasa nada”.

“Estoy muy joven para preocuparme”.

“No tengo tiempo para ir al médico”.

“Primero están mis hijos, mi trabajo o mi familia”.

“Me da miedo que me encuentren algo”.

Y agregaría una más de la que quizá hablamos poco: “Ahorita no puedo gastar en eso”.

Porque la economía también pesa. A veces no es falta de conciencia ni de interés. Simplemente hay una colegiatura, la despensa, la renta, un gasto familiar inesperado o algo que parece más urgente, y la revisión médica vuelve a quedarse para después. No debería ser así, pero para muchas mujeres esa también es parte de la realidad.

Paradójicamente, estamos acostumbradas a cuidar a todos menos a nosotras mismas. Muchas mujeres se convierten en las principales cuidadoras de los hijos, la pareja, los padres e incluso de sus equipos de trabajo. Pero cuando su propia salud se ve comprometida, no siempre tienen a alguien que las acompañe a una consulta, a una mastografía o, llegado el caso, a un tratamiento.

Y aquí aparece un factor del que se habla mucho menos: la red de apoyo.

Tener a alguien que acompañe a una cita médica, ayude con responsabilidades familiares, facilite un horario o simplemente escuche puede marcar una enorme diferencia durante un proceso de prevención, diagnóstico o tratamiento. Muchas mujeres retrasan sus estudios no porque desconozcan su importancia, sino porque en la práctica no encuentran cómo hacer espacio entre todas las responsabilidades que sostienen cada día.

Por eso esta conversación no debería quedarse únicamente en “hay que revisarse”. También tendríamos que preguntarnos qué condiciones estamos creando para que realmente sea posible hacerlo.

Más allá del listón rosa.

Cada octubre aparecen campañas, listones rosas y mensajes de sensibilización. Son importantes, por supuesto. Pero el verdadero compromiso de una empresa va mucho más allá de una publicación en redes sociales.

También implica preguntarnos: ¿nuestras colaboradoras tienen flexibilidad para acudir a una revisión médica? ¿Existe una cultura que promueve la prevención sin hacerlas sentir culpables por ausentarse unas horas? ¿Los líderes hablan de salud física con la misma naturalidad con la que hoy hablamos de salud emocional? ¿Una mujer puede priorizar su bienestar sin sentir que está poniendo en riesgo su crecimiento profesional?

Las organizaciones que realmente ponen a las personas en el centro entienden que la prevención también forma parte de una estrategia de bienestar laboral y de una cultura organizacional sana.

Y esto también tiene relación con la atracción de talento. Desde el Executive Search vemos cada vez con mayor claridad que las personas no evalúan únicamente un puesto o una compensación. También observan la cultura de una organización, la congruencia de sus líderes y la forma en que esa empresa cuida a su gente.

El bienestar ya no puede limitarse a programas de salud emocional, actividades recreativas o campañas de una vez al año. Un liderazgo humano no solamente acompaña a una colaboradora cuando recibe un diagnóstico; también crea las condiciones para que pueda atenderse antes de que exista una emergencia.

Los mejores líderes no esperan a que alguien se enferme para demostrar empatía. Construyen culturas donde las personas sienten que pueden decir: “Necesito ir al médico”, sin culpa, sin miedo y sin tener que justificar por qué su salud también importa.

Quizá entonces la pregunta más importante de este Octubre Rosa no sea cuántas campañas de concientización realizamos durante el mes.

Tal vez sea otra:

¿Estamos construyendo entornos donde las mujeres puedan dejar de ser siempre quienes cuidan y tengan también la posibilidad de dejarse cuidar?

Porque la prevención salva vidas, pero el acompañamiento también. Y el liderazgo tiene mucho más que ver con ambos de lo que solemos reconocer.

Septiembre siempre nos recuerda quiénes somos como país: vibrantes, intensos, ruidosos, llenos de vida. En México celebramos haciendo ruido porque el ruido nos une, nos emociona y, de alguna manera, también nos identifica. Quizá por eso el silencio a veces nos incomoda.

En estas semanas he leído más artículos sobre escritura, inteligencia artificial y talento que en todo el año anterior, y hay algo que me ha hecho pensar: la inteligencia artificial ha multiplicado la cantidad de contenido que producimos. Hoy cualquiera puede escribir, publicar y generar textos en cuestión de segundos. Pero producir más contenido no necesariamente significa que estemos leyendo mejor, escuchando mejor o comprendiendo más.

Y para quienes trabajamos con personas esto importa muchísimo.

Como Head Hunter, una buena parte de mi trabajo consiste justamente en eso: leer y escuchar. Leer entre líneas un CV, entender lo que una empresa realmente necesita, escuchar lo que un candidato dice, pero también tratar de comprender aquello que no está diciendo. En Executive Search, escuchar bien puede hacer la diferencia entre encontrar a una persona que cumple con un perfil y encontrar a la persona correcta para una
organización.

Borges decía que nada de lo que escribimos nace de la nada, que toda idea viene de otra idea y que todo texto, de alguna manera, es una conversación con otros textos. Me gusta mucho esa reflexión porque para poder escribir necesitamos primero haber leído; y para poder comprender a alguien necesitamos haber aprendido a escuchar. Leer nos ayuda a interpretar, a entender necesidades reales y a comunicar con mayor claridad. También nos obliga a detenernos antes de dar una respuesta automática. Un candidato que no lee bien una vacante puede terminar respondiendo algo que nadie le preguntó. Un líder que no escucha puede tomar una decisión equivocada. Y un Head Hunter que no lee ni escucha con atención puede terminar evaluando mal a una persona.

La lectura es una de las bases del pensamiento crítico y, para mí, el pensamiento crítico es indispensable en cualquier proceso serio de Executive Search.
Pero volvamos al ruido.

México es un país que celebra haciendo ruido: están los mercados, las fiestas, las calles, las conversaciones que se enciman y, por supuesto, septiembre, que parece recordarnos a todo volumen que estamos vivos. Me encanta esa parte de nuestra cultura. Pero también creo que vale la pena reconocer algo: entre tanto ruido, a veces nos cuesta escuchar.

Escuchar requiere pausa. Requiere silencio. Requiere darle al otro el tiempo suficiente para explicar lo que piensa sin estar preparando nuestra respuesta mientras todavía está hablando. Y eso, aunque parezca sencillo, no siempre lo es. Lo veo constantemente en procesos de atracción de talento. Hay candidatos que responden sin haber leído completa la vacante, que interpretan desde la prisa o que se concentran más en decir lo que creen que la empresa quiere escuchar que en entender primero qué necesita realmente esa organización.

Y también sucede del otro lado. Hay líderes que entrevistan desde un checklist y no desde una conversación. Esperan escuchar determinada respuesta y, cuando no aparece exactamente como la imaginaron, descartan demasiado rápido. Y a veces, junto con esa respuesta, también descartan talento.
Ahí es donde el ruido cultural puede convertirse en ruido profesional y empezar a crear una distancia silenciosa entre candidatos y empresas.
Leer bien y escuchar bien son habilidades hermanas. Ambas necesitan pausa, intención y, sobre todo, humildad. Leer es escuchar a alguien que no está presente; escuchar es leer a alguien que sí lo está.

Y ambas cosas son esenciales cuando trabajamos con talento: para comprender expectativas, detectar inconsistencias, evaluar liderazgo y, sobre todo, construir conversaciones que realmente tengan valor.

¿Cómo podemos escucharnos mejor?

No creo que exista una fórmula complicada. Tal vez podemos empezar por cosas mucho más sencillas. Leer con intención, no con prisa. Leer para comprender lo que el otro quiere decir, no solamente para llegar al final del texto. Escuchar con pausa, no con ansiedad. Dejar de preparar nuestra respuesta mientras el otro sigue hablando. A veces, cuando realmente escuchamos, la conversación nos lleva a un lugar distinto al que habíamos imaginado.

Preguntar para entender, no para acelerar. Una buena pregunta puede revelar mucho más que diez respuestas rápidas. Preguntar abre puertas; asumir suele cerrarlas. Escribir con responsabilidad, no solo con inmediatez. Hoy podemos producir un texto en segundos, pero eso no significa que debamos hacerlo sin pensar. Las palabras construyen —o destruyen— puentes y, especialmente cuando lideramos personas, escribir también es un acto de responsabilidad.

Y aquí haría una invitación a ambos lados.

A los candidatos: lean completa la vacante. Escuchen lo que la empresa realmente necesita. Pregunten cuando algo no esté claro y permitan que una entrevista sea una conversación, no un monólogo para demostrar todo lo que saben. Y a los líderes y responsables de la atracción de talento: lean más allá del CV. Escuchen más allá de la respuesta que esperaban. El checklist puede servir como punto de partida, claro, pero no debería convertirse en una barrera que nos impida descubrir a la persona que tenemos enfrente.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a escribir, ordenar información, investigar y hacer muchas cosas extraordinarias. Pero hay algo que sigue siendo profundamente nuestro: la decisión de prestar atención. México celebra haciendo ruido, sí. Pero muchas de las conversaciones que realmente transforman el talento suceden cuando bajamos el volumen: en una lectura atenta, en una escucha genuina, en una pregunta bien hecha o en ese momento en que dejamos de pensar qué vamos a contestar y simplemente tratamos de comprender al otro.

Y quizá la pregunta que vale la pena hacernos hoy sea esta:

¿Qué tan distinto sería nuestro trabajo —y nuestras relaciones profesionales— si leyéramos y escucháramos con el mismo cuidado con el que quer

Lo que las empresas pueden aprender de la industria del deporte: talento, estructura y estrategia

En los últimos meses se ha vuelto muy común comparar el mundo del deporte con el de las empresas. Y no es casualidad.

Detrás de cada gran equipo hay mucho más que buenos jugadores. Hay personas dedicadas a detectar talento, desarrollarlo, acompañarlo y construir una estrategia que permita alcanzar resultados sostenibles.

Curiosamente, eso mismo sucede dentro de las organizaciones.

La industria del deporte puede enseñarnos mucho sobre cómo identificar, desarrollar y retener a las personas que harán crecer una empresa.

1. El deporte como sistema de detección de talento

Las academias deportivas no esperan a que un jugador sea una estrella para descubrirlo. Identifican el talento desde etapas muy tempranas y evalúan mucho más que sus habilidades técnicas.

Observan su disciplina, capacidad de aprendizaje, resiliencia, trabajo en equipo y potencial de crecimiento.

Las empresas pueden adoptar esta misma visión mediante programas de desarrollo de talento, evaluaciones de competencias, modelos de liderazgo y planes de crecimiento para sus colaboradores.

2. La formación como una inversión, no como un gasto

Los grandes deportistas no aparecen de la noche a la mañana. Detrás de cada uno existe un proceso constante de entrenamiento, retroalimentación, preparación y acompañamiento.

En las organizaciones ocurre exactamente lo mismo.

Invertir en el desarrollo de las personas permite reducir la rotación, fortalecer la cultura organizacional, acelerar la productividad y preparar a los futuros líderes de la empresa.

Las organizaciones que entienden esto dejan de reaccionar ante las vacantes y comienzan a construir talento desde dentro.

3. La guerra por el talento

En el deporte, cuando un jugador demuestra un desempeño sobresaliente, otros equipos buscan incorporarlo.

En el mundo empresarial sucede exactamente igual.

Los profesionales con mejores resultados suelen ser identificados por Head Hunters especializados y presentados a organizaciones que buscan fortalecer su liderazgo.

La diferencia es que muchas empresas aún no cuentan con estrategias claras para desarrollar y retener a sus mejores colaboradores, lo que las vuelve más vulnerables frente a un mercado cada vez más competitivo.

4. El papel del Head Hunter

Así como los equipos deportivos cuentan con especialistas para detectar y atraer talento, las empresas necesitan aliados que les ayuden a encontrar a las personas adecuadas para posiciones clave.

Un Head Hunter especializado no se limita a revisar currículums.

Analiza el contexto de la empresa, comprende su cultura, identifica el tipo de liderazgo que necesita y reduce el riesgo de una contratación equivocada.

Porque una contratación estratégica no consiste únicamente en cubrir una vacante, sino en incorporar a la persona que realmente contribuirá al crecimiento de la organización.

El talento es una estrategia

Las organizaciones más exitosas entienden que el talento no aparece por casualidad.Se identifica, se desarrolla, se acompaña y se fortalece con el tiempo.

En el deporte, los campeonatos rara vez son producto de la improvisación. Son el resultado de una estrategia bien construida y de decisiones acertadas en la elección de las personas.

En las empresas ocurre exactamente lo mismo.

En Michel Sanroman y Asociados creemos que una contratación estratégica comienza mucho antes de revisar un currículum. Comienza entendiendo la cultura de la empresa, sus objetivos y el tipo de liderazgo que necesita para seguir creciendo.

Porque encontrar a la persona adecuada puede marcar la diferencia entre cubrir una posición… o impulsar el futuro de toda una organización.

En 1977 vi Star Wars por primera vez.

Y recuerdo perfecto la sensación: sabía que estaba frente a algo que marcaría generaciones.

Casi 50 años después, sigo siendo fan.
Y lo que más me sorprende no es solo que la saga siga viva… sino cómo ha logrado reinventarse para conectar también con las nuevas generaciones.

Este mayo llega una nueva historia: The Mandalorian & Grogu.

Y mientras muchos la esperan por nostalgia o entretenimiento, yo no puedo evitar verla desde otro lugar: el liderazgo.

Porque sí, Star Wars también puede enseñarnos mucho sobre personas, talento y evolución humana.

1. El líder que encuentra propósito

Din Djarin —Mando— comienza siendo un lobo solitario.

Un ejecutor impecable.
Eficiente.
Orientado a resultados.

Pero desconectado.

Sin comunidad.
Sin propósito profundo.
Sin verdadero impacto.

Hasta que aparece Grogu. Y todo cambia. Mando no se convierte en mejor líder porque entrena más o porque recibe un ascenso.
Se transforma porque encuentra a alguien que lo necesita. Y eso lo obliga a replantear sus reglas, su identidad y hasta su manera de relacionarse con el mundo.

Eso también pasa en las organizaciones. El liderazgo más humano no nace del control.
Nace de la responsabilidad emocional que sentimos hacia otros.

Porque a veces el propósito no llega en forma de meta… sino en forma de persona.

2. El talento florece cuando alguien cree en él

Grogu llega con miedo. Con una historia difícil. Con inseguridad. Con heridas. Y aunque tiene potencial, no sabe todavía cómo usarlo. Pero al lado de Mando ocurre algo que también vemos en las mejores organizaciones:

Cuando alguien cree genuinamente en ti, empiezas a atreverte. Grogu no necesitaba un líder perfecto. Necesitaba un líder presente.

Uno que acompañara.
Que protegiera.
Que sostuviera incluso en los momentos de incertidumbre.

Porque muchas veces el talento no necesita presión. Necesita confianza.

3. La metáfora perfecta sobre atracción de talento en 2026

Hoy muchas empresas siguen buscando “el perfil perfecto”.

La experiencia exacta.
El candidato que llegue listo desde el día uno.
El famoso unicornio corporativo.

Pero el mercado laboral ya cambió.

Y cada vez es más evidente que el talento no se atrae únicamente con descripciones de puesto o salarios competitivos.

Se atrae con propósito. Con liderazgo humano. Con espacios donde las personas puedan crecer y transformarse.

Mando no eligió a Grogu por su CV. Lo eligió por su potencial. Y Grogu no siguió a Mando por reputación. Lo siguió por coherencia.

4. La nueva ecuación del liderazgo

El liderazgo que viene —y el que las nuevas generaciones sí están dispuestas a seguir— se parece mucho más a esta dupla:

● Líderes que dejan de operar solos.

● Talento que crece cuando se siente visto.

● Propósitos que transforman a ambas partes.

● Relaciones donde todos evolucionan.

Porque al final, Mando no solo salvó a Grogu. Grogu también salvó a Mando. Y eso, dentro de cualquier empresa, tiene un nombre: Liderazgo con impacto.

Para reflexionar

Me gustaría cerrar con algunas preguntas que hoy, más que nunca, vale la pena hacernos:

● ¿Cuántos líderes realmente se dejan transformar por las personas que guían?

● ¿Qué tan dispuesto estás a evolucionar cuando tu equipo necesita una versión diferente de ti?

● ¿Tu liderazgo inspira valentía… o solo cumplimiento?

● ¿Estás creando espacios donde la gente florece… o donde únicamente ejecuta?

● ¿Y si el verdadero liderazgo no fuera salvar a otros… sino permitir que ellos también te transformen?

La historia casi siempre empieza igual.

Estoy en medio de mi día —entre entrevistas, análisis de perfiles y conversaciones con candidatos— cuando suena el teléfono. Veo el nombre de la empresa y sé, incluso antes de contestar, que no es una llamada cualquiera.

—“Estela, necesitamos tu ayuda. Tengo esta vacante desde hace cinco meses y no la he podido cubrir… y me urge.”

Ahí está.

La frase que ningún cliente quiere pronunciar y que ningún headhunter quiere escuchar… pero que define por completo este oficio.

Porque cuando una vacante llega “quemada”, no llega sola.

Llega con humo. Con cansancio. Con frustración. Con historias de intentos fallidos.

Y con una pregunta que pesa mucho:

—“Pero tú sí me la vas a cubrir, ¿verdad?”

No es una pregunta técnica.

Es una súplica emocional.

Es el reflejo de un cliente que ya pagó anticipos, que ya entrevistó a medio mercado, que ya escuchó promesas vacías… y que ahora llega a ti con un peso que no te pertenece, pero que inevitablemente terminas cargando.

Ser headhunter es ser el jamón del sándwich

Siempre he pensado que ser headhunter es ser el jamón del sándwich.

Y no cualquier sándwich: uno donde los dos panes presionan fuerte.

Por un lado, la empresa quiere certeza, velocidad y precisión.

Por el otro, el candidato quiere claridad, crecimiento y honestidad.

Y tú estás justo en medio.

Traduciendo. Alineando. Conteniendo. Confrontando. Sosteniendo.

A veces siento que mi trabajo se parece más al de una intérprete simultánea que al de un headhunter.

Porque hablo dos idiomas: el de la empresa y el del candidato.

Y mi misión es lograr que se entiendan… incluso cuando ellos mismos todavía no saben bien qué quieren decir.

La famosa “vacante quemada”

Pero volvamos a la vacante urgente. O como solemos decir en el mundo del reclutamiento: la vacante quemada.

Cuando me siento con el cliente, la historia casi siempre tiene los mismos capítulos:

“Ya entrevistamos a muchos, pero ninguno nos convenció.”

“La firma anterior nos mandó candidatos que no tenían nada que ver.”

“El mercado está muy complicado.”

“El sueldo es el que es, no podemos moverlo.”

“El perfil ya cambió… varias veces.”

Y mientras escucho todo esto, voy armando el rompecabezas.

No el del candidato.

El del problema real.

Porque la mayoría de las vacantes quemadas no se queman por falta de talento.

Se queman por falta de definición.

Se queman porque la empresa no sabe exactamente lo que quiere.

O porque sí lo sabe… pero no está dispuesta a pagar por ello.

O porque su proceso interno es tan lento que el talento se enfría.

O porque el hiring manager y Recursos Humanos no están alineados.

O porque buscan un unicornio… con presupuesto de becario.

Y entonces llega la pregunta inevitable:

—“¿Por qué nadie nos ha podido cubrir esta vacante?”

La respuesta es simple, pero no siempre es fácil de escuchar.

Porque no se puede cubrir lo que no está claro.

No se puede atraer lo que no se puede ofrecer.

Y no se puede cerrar lo que nadie decide.

El trabajo real de un headhunter

Mi trabajo no empieza buscando candidatos.

Empieza apagando el incendio.

Antes de mover una sola pieza, hago lo que muchas veces nadie hizo antes:

Diagnosticar el estado real de la vacante.

Identificar dónde se rompió el proceso.

Alinear expectativas entre áreas.

Replantear el perfil con datos, no con deseos.

Definir tiempos, roles y responsabilidades.

Y sí… confrontar cuando es necesario.

Solo entonces empieza la búsqueda.

Y curiosamente, cuando todo eso se ordena… la vacante deja de estar quemada.

Las preguntas que toda empresa debería responder antes de reabrir una vacante

  • ¿Qué cambió en el perfil desde que abriste la vacante por primera vez?
  • ¿Qué aprendiste de los candidatos que ya entrevistaste?
  • ¿Qué parte del proceso interno está frenando la decisión?
  • ¿Qué estás dispuesto a ajustar: sueldo, seniority, expectativas o tiempos?
  • ¿Qué tan alineado está tu equipo sobre lo que realmente busca?
  • ¿Qué señales te indican que estás listo para contratar?
  • ¿Qué parte del problema te pertenece a ti… y no al mercado?

Cuando una empresa entiende esto, todo cambia

Cuando un cliente llega con una vacante quemada, no necesita un proveedor.

Necesita un socio estratégico.

Alguien que le diga la verdad, que ordene el caos y que reconstruya la confianza del proceso.

Porque el problema casi nunca es el talento.

El problema suele ser la definición, la estrategia y la coherencia.

Y cuando eso se alinea, la vacante deja de ser un incendio… y se convierte en una oportunidad real.

Y ahora la pregunta es para tu empresa:

¿Tu empresa está lista para dejar de tener vacantes quemadas?

¿Quieres dejar de buscar candidatos y empezar a construir procesos que realmente atraigan talento?

¿Estás dispuesto a redefinir tu vacante antes de volver a publicarla?

¿O prefieres seguir pagando por intentos… en lugar de invertir en una solución estratégica?

¿Qué hacer cuando te llama un headhunter?

“Hay llamadas que parecen casuales… pero a veces marcan un punto de inflexión.”

Si alguna vez te ha pasado, lo sabes: suena el teléfono, ves un número desconocido y escuchas algo como “Hola, soy headhunter, ¿tienes cinco minutos?”. Y en ese instante se abren dos cosas a la vez: una oportunidad y un montón de preguntas.

Porque aceptar una entrevista no es un trámite. Es un momento para hacer una pausa y preguntarte, con honestidad:

¿Estoy listo(a) para evaluar no solo un rol, sino mi futuro profesional?

Desde mi experiencia, estas conversaciones funcionan mejor cuando las abordas con calma, claridad y estrategia. Aquí te dejo una guía práctica —como si lo platicáramos de frente— para que tomes decisiones con más seguridad.

1) Antes de decir “sí”, entiende qué está pasando realmente

Cuando un headhunter te llama, no te está ofreciendo “un empleo” en automático. Te está abriendo una puerta para explorar una posibilidad. Y lo primero no es emocionarte ni ponerte ansioso(a); lo primero es activar la curiosidad estratégica.

Hazte estas preguntas:

• ¿Por qué me buscan ahora?

• ¿Qué problema quiere resolver la organización con este rol?

• ¿Qué dice esta llamada sobre mi trayectoria y mi momento profesional?

Responderlas te coloca en una posición de estrategia, no de reacción.

2) Prepararte no es memorizar respuestas: es entender la historia que estás contando

Muchos líderes se preparan para una entrevista como si fuera un examen. Pero quienes avanzan a posiciones más altas se preparan diferente: construyen una narrativa.

No se trata de presumir. Se trata de tener claridad. Antes de cualquier entrevista, vale oro que tengas muy claro:

• ¿Qué he construido realmente?

• ¿Qué decisiones difíciles he tomado y por qué?

• ¿Qué impacto puedo demostrar con evidencia (números, proyectos, resultados)?

• ¿Qué retos me energizan y cuáles me drenan?

La entrevista no es para repetir tu CV. Es para explicar por qué tu experiencia puede resolver el problema que esa empresa tiene hoy.

3) Habla de tu trayectoria desde el poder, no desde la herida

Uno de los momentos más reveladores es cuando te preguntan por tus cambios de empleo. Ahí se nota la diferencia entre un líder reactivo y un líder consciente.

Un líder reactivo explica salidas desde el conflicto: “mi jefe…”, “la cultura…”, “la empresa no…”.

Un líder consciente explica desde la intención:

• “Buscaba mayor impacto.”

• “Quería enfrentar un reto distinto.”

• “Mi propósito profesional evolucionó.”

No se trata de maquillar la verdad. Se trata de contarla con madurez: desde tu aprendizaje y tu dirección, no desde el enojo.

4) La entrevista también es investigación: tú evalúas tanto como te evalúan

Un error común es creer que la entrevista es un escenario para “demostrar tu valor”. La realidad es que tú también estás evaluando si ese entorno puede sostener tu liderazgo.

Antes de la entrevista:

• Investiga a tus entrevistadores (trayectorias, estilos, responsabilidades).

• Entiende el contexto del negocio: mercado, retos, prioridades.

• Busca señales reales de cultura (más allá de la página web).

Y durante la entrevista, haz preguntas que revelen lo que nadie pone en un brochure:

• ¿Cómo se toman las decisiones?

• ¿Qué tensiones existen en el equipo directivo?

• ¿Qué tan preparado está el consejo/liderazgo para el cambio que esperan de este rol?

• ¿Qué pasó con las personas que ocuparon este puesto antes?

Un líder maduro no busca impresionar. Busca entender.

5) Lo informal revela más que cualquier panel de entrevistas

A veces el “café”, el pasillo o la conversación antes de entrar a la sala dicen más que todo lo formal. Ahí se nota quién escucha, quién interrumpe, quién domina la conversación, quién minimiza y quién se muestra auténtico.

No es para paranoiquearse. Es para observar con sensibilidad. Esas señales suelen describir la cultura real con mucha precisión.

6) Preparación técnica + autoconciencia: la fórmula que casi nadie te enseña

Investigar la empresa, entender el mercado y articular tu propuesta de valor es básico. Pero lo que realmente distingue a un líder listo para su siguiente etapa es la autoconciencia.

Pregúntate con calma:

• ¿Qué tipo de cultura potencia mi liderazgo?

• ¿Qué tipo de retos me hacen crecer?

• ¿Qué no estoy dispuesto(a) a negociar?

• ¿Qué versión de mí quiero llevar al siguiente capítulo?

Cuando respondes eso, la entrevista deja de ser un filtro y se convierte en un ejercicio de claridad personal.

Conclusión

El éxito no es obtener la oferta. El éxito es reconocer si ese futuro te pertenece.

Los líderes más sólidos no salen de una entrevista celebrando “una oferta”. Salen celebrando claridad.

A veces la claridad confirma que ese es el lugar correcto. A veces revela que no lo es. Y ambas cosas son victorias.

Porque un líder que se conoce, que se prepara desde la verdad y que evalúa su futuro con rigor humano y estratégico, no busca cualquier rol: busca el rol donde pueda construir, transformar y crecer sin traicionarse.

                                                                            Estela Michel Sanroman.

“A mí no me retienen: me motivo a quedarme.”


Diciembre en México siempre nos invita a hacer un balance. Las empresas revisan presupuestos, los colaboradores esperan el aguinaldo y, entre ambos lados, surge inevitablemente la misma pregunta: ¿Qué sigue?


El aguinaldo se vuelve un punto de inflexión:

Para las empresas, es el momento de ajustar números y repensar cómo invertir en su gente.


Pero antes de hablar de números, conviene hacernos una pregunta más profunda:


¿Queremos retener… o queremos inspirar? Retener viene del latín retinere: sujetar, impedir, dominar. Durante años hemos normalizado esquemas que atan: créditos internos, seguros condicionados a la antigüedad, bonos por permanencia mecanismos que hacen más costoso irse que quedarse.


Y del otro lado, también existen colaboradores que ven a la empresa como un cajeroautomático: esperan el aguinaldo, el bono, el regalo… y después se van. La relación se vuelve transaccional. Para ambos. Pero las personas no se retienen. Se motivan. No se amarran. Se inspiran. No se compran. Se convencen.


Como Head Hunter lo veo con claridad: diseñar esquemas de compensación no es solo cuestión de dinero. Es una declaración de valores. ¿Premiamos la permanencia o el impacto? ¿Diseñamos para controlar o para liberar? Y desde la perspectiva del talento: ¿Estoy aquí por lo que recibo o por lo que construyo? ¿Me quedo por miedo o por propósito?


El cierre de año nos invita a mirar más allá del aguinaldo y preguntarnos qué tipo de vínculo estamos cultivando:

¿transaccional o transformador?


Porque el talento no se retiene. Se reconoce, se escucha, se honra. Y ese es el verdadero regalo de fin de año: construir relaciones que trasciendan el calendario y el presupuesto.

Para muchos colaboradores, es el último impulso antes de preguntarse si vale la pena continuar.

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¿Y si el trabajo ideal no fuera el que más te inspira, sino el que más te cuida?

Vivimos en una era donde el trabajo se ha convertido en el centro de nuestras aspiraciones.

Buscamos propósito, plenitud, reconocimiento… y muchas veces, felicidad. Pero en esta búsqueda, ¿no estaremos olvidando algo esencial?

Octubre, mes de la sensibilización sobre el cáncer de mama, nos recuerda que la salud no espera. Que mientras perseguimos el “trabajo soñado”, con frecuencia postergamos lo más importante: cuidarnos.

La paradoja de la felicidad laboral

En mi experiencia como headhunter especializada en posiciones ejecutivas, he visto cómo la narrativa de “encuentra tu pasión” puede convertirse en una trampa. Profesionales brillantes cambian de empleo buscando plenitud, sin detenerse a valorar lo que ya tienen.

Otros, por miedo a perder oportunidades, ignoran señales claras de agotamiento, estrés o desequilibrio.

La felicidad laboral es importante, sí. Pero no es un estado absoluto ni una promesa que el trabajo pueda cumplir por sí solo. Es una práctica que también incluye salud, relaciones, descanso y propósito. Y eso no siempre aparece en la descripción de un puesto.

Lo que dicen los datos

● Según Gallup, el bajo compromiso laboral le cuesta a la economía global más de 8.9 billones de dólares en pérdida de productividad.

● En México, 8 de cada 10 colaboradores se declaran felices en su trabajo, aunque la cifra varía según la generación y el nivel de estrés.

● La Organización Mundial de la Salud estima que 1 de cada 12 mujeres en América Latina será diagnosticada con cáncer de mama en algún momento de su vida.

● Entonces, ¿y si el verdadero trabajo ideal fuera aquel que te permite vivir… y vivir bien?

Antes de renunciar, revisa tus motivadores… y tu saludMuchos profesionales viven en un estado de “añoranza laboral”: desean otro empleo, otra cultura, otro jefe… sin hacer un análisis profundo de los pros y contras de su situación actual. Antes de tomar decisiones importantes, pregúntate:

● ¿Qué me motiva realmente?

● ¿Estoy buscando huir de algo o construir algo nuevo?

● ¿Estoy cuidando mi salud física y emocional?

● ¿He normalizado el estrés como parte del éxito?

Porque ningún nuevo empleo compensa una salud deteriorada o una felicidad mal entendida.

Qué podemos hacer como líderes y profesionales

● Promover culturas laborales que respeten el tiempo personal y la salud preventiva.

● Incluir campañas de salud emocional y física como parte de la estrategia de talento.

● Como individuos, agendar nuestros chequeos médicos con la misma prioridad que una junta de negocios.

● Redefinir el éxito como un equilibrio entre impacto profesional y bienestar personal.

Este Octubre Rosa, más allá de vestirnos de rosa, hagamos espacio para la reflexión. Que la búsqueda de la felicidad no nos cueste la salud. Que el trabajo sea parte de la vida, no el centro de ella.

Y si estás en un momento de cambio profesional, antes de tomar decisiones, haz una pausa. Escucha tu cuerpo. Revisa tus motivadores. Porque el mejor empleo es aquel que te permite vivir… y vivir bien.


Antes de renunciar, revisa tus motivadores… y tu salud

En los últimos años, la vulnerabilidad ha tomado un lugar central en las conversaciones sobre liderazgo. Hoy se celebra la apertura emocional, se promueve “mostrar el lado humano” y se valora al líder que se atreve a decir: “no sé” o “me equivoqué”.


Sin embargo, en medio de esta tendencia, es fácil confundir autenticidad con exposición desmedida.


La vulnerabilidad no significa confesar todo ni mostrar emociones sin filtro. Más bien, es inteligencia emocional en acción: saber cuándo abrirse, con quién hacerlo y con qué propósito. No se trata de parecer débil para resultar humano, sino de mostrar humanidad con intención estratégica. Así, la vulnerabilidad se convierte en una herramienta para generar confianza, no confusión; para construir puentes, no para soltar el timón.


Un líder que se abre sin medida corre el riesgo de diluir los límites que sostienen su rol. La vulnerabilidad sin contención abruma en lugar de inspirar; la transparencia sin propósito dispersa en lugar de conectar.


Liderar con vulnerabilidad exige equilibrio. Implica discernir cuándo compartir una duda para fomentar la colaboración, cuándo mostrar una emoción para validar la experiencia del equipo, y cuándo reservarse para proteger la estabilidad colectiva. Es un ejercicio constante de calibración entre la presencia emocional y la responsabilidad estructural.


En tiempos donde autenticidad puede confundirse con exposición, el liderazgo demanda algo más profundo: la capacidad de mostrarse sin perderse, de conectar sin desbordarse y de sostener sin desaparecer.


Porque el liderazgo no se mide por cuánto compartes, sino por la forma en que sostienes lo que eliges compartir.

¿Qué es el Head Hunting?

El head hunting es una metodología de búsqueda especializada para identificar y atraer talento estratégico a posiciones clave. A diferencia del reclutamiento tradicional, que se basa en postulaciones espontáneas, el head hunting se centra en candidatos pasivos: profesionales que no están buscando empleo activamente, pero que pueden ser el ajuste perfecto para tu organización.

¿Cuándo es el Momento Ideal para Contratar Head Hunters?

  1. Cuando el puesto es crítico para el negocio
    • Roles de liderazgo, dirección o alta especialización.
    • Posiciones que impactan directamente en resultados, cultura o estrategia.
  2. Cuando el talento requerido no está en portales de empleo
  1. Los mejores perfiles rara vez aplican a vacantes.
  2. Se requiere un acercamiento estratégico y personalizado.
  3. Cuando el tiempo y la precisión son clave
  1. Procesos internos lentos pueden costar oportunidades.
  2. El head hunting acelera la búsqueda sin sacrificar calidad.
  3. Cuando se necesita confidencialidad
  1. Reemplazos estratégicos, expansiones o reestructuras.
  2. Un proceso manejado con discreción y control narrativo.

Ventajas del Head Hunting vs. Reclutamiento Tradicional

¿Por qué elegir una firma de head hunting?

  • Acceso a redes exclusivas de talento ejecutivo.
  • Evaluación profunda de competencias y cultura organizacional.
  • Acompañamiento experto desde la búsqueda hasta la integración.

Head Hunting: Una Inversión en Ventaja Competitiva

El head hunting no es solo un método de reclutamiento: es una estrategia de negocio. Si tu empresa está en un momento de crecimiento, transformación o consolidación, el talento adecuado puede marcar la diferencia. Encontrarlo requiere más que publicar una vacante: requiere intención, confidencialidad y precisión.

¿Quieres atraer talento que transforme tu organización?

En Michel Sanromán y Asociados somos especialistas en head hunting ejecutivo. Diseñamos procesos personalizados que conectan tu visión de negocio con el talento capaz de llevarla más lejos, siempre con un enfoque humano, porque las personas son el centro y la razón de ser de las empresas.

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