Octubre Rosa: cuando la prevención también es una responsabilidad de liderazgo
Hablamos de salud mental. ¿Pero qué pasa con la salud física de las mujeres?
Durante los últimos años, las empresas han abierto conversaciones necesarias sobre salud mental, estrés, ansiedad y burnout. Sin embargo, hay otra conversación que sigue siendo incómoda y, en muchos casos, invisible: la salud física de las mujeres.
El cáncer de mama continúa siendo uno de los principales desafíos de salud pública en México y en el mundo. Y muchos de los obstáculos que enfrentan las mujeres no tienen que ver únicamente con un diagnóstico médico, sino con el miedo, los estigmas, la falta de apoyo y las dificultades muy reales para atenderse a tiempo.
Porque sí, detectar a tiempo puede salvar vidas. Pero para hacerlo también hacen falta tiempo, recursos, acompañamiento y una red de apoyo que nos permita poner nuestra propia salud entre las prioridades.
El cáncer de mama es actualmente el cáncer más frecuente entre las mujeres mexicanas. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante 2024 fue la primera causa de muerte entre los tumores malignos y el 99.2% de las defunciones correspondieron a mujeres. La tasa de mortalidad alcanzó 18.7 fallecimientos por cada 100 mil mujeres de 20 años y más.
Por su parte, el Observatorio Global de Cáncer de la Organización Mundial de la Salud estimó que en México se presentaron más de 34 mil nuevos casos de cáncer de mama durante 2024, convirtiéndolo en el cáncer más frecuente entre las mujeres del país.
Pero detrás de cada cifra hay una historia. Una mujer que, además de atender su salud, probablemente trabaja, cuida a sus hijos, apoya a sus padres, lidera un equipo o incluso sostiene económicamente a su familia.
En México todavía persisten muchas razones para ir dejando la prevención para después:
“Si no me duele, no pasa nada”.
“Estoy muy joven para preocuparme”.
“No tengo tiempo para ir al médico”.
“Primero están mis hijos, mi trabajo o mi familia”.
“Me da miedo que me encuentren algo”.
Y agregaría una más de la que quizá hablamos poco: “Ahorita no puedo gastar en eso”.
Porque la economía también pesa. A veces no es falta de conciencia ni de interés. Simplemente hay una colegiatura, la despensa, la renta, un gasto familiar inesperado o algo que parece más urgente, y la revisión médica vuelve a quedarse para después. No debería ser así, pero para muchas mujeres esa también es parte de la realidad.
Paradójicamente, estamos acostumbradas a cuidar a todos menos a nosotras mismas. Muchas mujeres se convierten en las principales cuidadoras de los hijos, la pareja, los padres e incluso de sus equipos de trabajo. Pero cuando su propia salud se ve comprometida, no siempre tienen a alguien que las acompañe a una consulta, a una mastografía o, llegado el caso, a un tratamiento.
Y aquí aparece un factor del que se habla mucho menos: la red de apoyo.
Tener a alguien que acompañe a una cita médica, ayude con responsabilidades familiares, facilite un horario o simplemente escuche puede marcar una enorme diferencia durante un proceso de prevención, diagnóstico o tratamiento. Muchas mujeres retrasan sus estudios no porque desconozcan su importancia, sino porque en la práctica no encuentran cómo hacer espacio entre todas las responsabilidades que sostienen cada día.
Por eso esta conversación no debería quedarse únicamente en “hay que revisarse”. También tendríamos que preguntarnos qué condiciones estamos creando para que realmente sea posible hacerlo.
Más allá del listón rosa.
Cada octubre aparecen campañas, listones rosas y mensajes de sensibilización. Son importantes, por supuesto. Pero el verdadero compromiso de una empresa va mucho más allá de una publicación en redes sociales.
También implica preguntarnos: ¿nuestras colaboradoras tienen flexibilidad para acudir a una revisión médica? ¿Existe una cultura que promueve la prevención sin hacerlas sentir culpables por ausentarse unas horas? ¿Los líderes hablan de salud física con la misma naturalidad con la que hoy hablamos de salud emocional? ¿Una mujer puede priorizar su bienestar sin sentir que está poniendo en riesgo su crecimiento profesional?
Las organizaciones que realmente ponen a las personas en el centro entienden que la prevención también forma parte de una estrategia de bienestar laboral y de una cultura organizacional sana.
Y esto también tiene relación con la atracción de talento. Desde el Executive Search vemos cada vez con mayor claridad que las personas no evalúan únicamente un puesto o una compensación. También observan la cultura de una organización, la congruencia de sus líderes y la forma en que esa empresa cuida a su gente.
El bienestar ya no puede limitarse a programas de salud emocional, actividades recreativas o campañas de una vez al año. Un liderazgo humano no solamente acompaña a una colaboradora cuando recibe un diagnóstico; también crea las condiciones para que pueda atenderse antes de que exista una emergencia.
Los mejores líderes no esperan a que alguien se enferme para demostrar empatía. Construyen culturas donde las personas sienten que pueden decir: “Necesito ir al médico”, sin culpa, sin miedo y sin tener que justificar por qué su salud también importa.
Quizá entonces la pregunta más importante de este Octubre Rosa no sea cuántas campañas de concientización realizamos durante el mes.
Tal vez sea otra:
¿Estamos construyendo entornos donde las mujeres puedan dejar de ser siempre quienes cuidan y tengan también la posibilidad de dejarse cuidar?
Porque la prevención salva vidas, pero el acompañamiento también. Y el liderazgo tiene mucho más que ver con ambos de lo que solemos reconocer.


